En todo caso, ya que mi oído y mis conocimientos al respecto no me permiten apreciar mucho las diferencias entre, por decir algo, black y death, dejo aquí más imágenes que otra cosa. En orden de presentación, estuvieron:


Asfixia. Ataques feroces, nada sutiles, contra la religión y contra LG (Lucio Gutiérrez).


Mortuum. De Atuntaqui. No he estado allí.

Eminence. Bueno, Lampinho, no sólo bananas en Brasil, ¿no?

Muscaria. La que más me llamó la atención, y de nuevo, una banda conocidísima (14 años de trayectoria) sobre la que mucha gente puede decir mucho. Esto de no escuchar metal paga mal a veces.

Cephalic Carnage. De Denver, Colorado. Tampoco he estado allí.

Decapitados. Primera mujer sobre el escenario. Y como tiene que ser, un espacio para la gente, la que viene a disfrutar el concierto y aguanta lo que haya que aguantar, como los caprichos del clima capitalino. Sin ellos, las cosas serían distintas o no serían. Una muestra pequeña:

Para terminar, el “sin extremos” del título se refiere simplemente a la ausencia de la primera y la última: Kanhiwara y Kraken, dos bandas que se parecen en que empiezan con K; que abrieron y cerraron el primer día. La primera ausencia se debe a una demora, digamos involuntaria (y a que el festival empezó puntualmente, bien por eso). La segunda a un compromiso adquirido previamente con una obra de teatro que tenía funciones este día y el siguiente, así que opté por perderme a Kraken y no a Plastilina Mosh.Eso, claro, porque no sabía del ataque traicionero y vil que nos tenía preparado la muy noble y leal ciudad de San Francisco de Quito para el siguiente día. Siga leyendo.
