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domingo, 5 de octubre de 2008

La 5ta victoria

No creo que hayan causado sorpresa a nadie los resultados electorales de la semana anterior. La campaña constante y omnipresente del Gobierno, el descontento de la gran mayoría con los políticos de la “oposición”, la polarización utilizada y promovida, algunas obras, algunas dádivas, alguna gente valiosa entre sus cuadros, la utilización y simplificación de iconos como Eloy Alfaro o el Ché y el chantaje de “si votan no o nulo les quitamos el bono y subimos el gas” finalmente dieron resultado y el SÍ obtuvo una cómoda victoria. Al menos por un par de semanas estaremos libres de campaña.

Yo creo que la victoria del SÍ tendrá, entre otras consecuencias, el darle más poder a gente que, quizás obnubilada por sus buenas intenciones, lo ejerce de manera abusiva. Gente que no ha respetado ni los límites impuestos por las leyes que les permitieron llegar al poder, ni los que ellos mismos definieron en las leyes que crearon una vez allí. En el primer caso, se excusaron con la maravillosa frase “no es legal, pero es legítimo”, que deja casi en la subjetividad de quien gobierne en ese momento el decidir qué puede hacerse y qué no. ¿Para qué necesitamos leyes entonces? En el segundo, se creó una ley para que nadie pueda financiar su propia campaña y evitar así que quienes más dinero tengan sean los ganadores (algo que, no lo olvidemos, ya había ocurrido en la primera vuelta); pero la contradijeron descaradamente mediante la utilización abusiva de propaganda gubernamental (con dinero que era de todos) que obviamente beneficiaba a los candidatos de su partido. Luego volvieron a irrespetar sus propias reglas mediante la autoadjudicación de la Asamblea de poderes y funciones para los que no fue elegida, en un acto de abuso de poder que sobrepasa a la instalación de la “pichicorte”. Dicho sea de paso, esto les quitó tiempo a los asambleístas para elaborar la constitución que, nos habían asegurado, era un paso indispensable hacia la construcción de una sociedad más justa. Y no fue “la derecha”, sino Alberto Acosta, el primero en reconocer que la calidad del texto sufriría por la falta de tiempo. Lo dijo al retirarse de la presidencia de la Asamblea.

Y es que la historia de los últimos años está plagada de políticos que no quisieron respetar los límites a su poder. Hay algunos que hoy se hacen llamar opositores y descaradamente pretenden pasar por paladines de la legalidad, intentando que olvidemos que ellos hicieron lo mismo en su turno. Lo terrible es que como consecuencia de esto mucha gente parece creer que los abusos de poder anteriores justifican los actuales (ejemplo clásico: el argumento de “ah, pero X hizo lo mismo y nadie dijo nada, así que ahora no protesten”), o que el llamar la atención sobre alguna irregularidad es señal inequívoca de estar de acuerdo con la deshonestidad de los anteriores gobernantes. No es así, en lo absoluto. Pero la polarización, promovida por el Presidente desde la primera vuelta, nos hace creer que reconocer los errores y abusos de un régimen nos convierte en defensores de “lo anterior”. Para la gente que ahora está en el poder, parecería que no es posible por ejemplo estar de acuerdo con los ideales “de izquierda” sin aceptar las reuniones bajo la mesa con inversionistas tramposos y representantes del Congreso; o apoyar algunas iniciativas del Gobierno pero exigir que respete las leyes. El “todo o nada” al que juegan les permite ganar más poder, SÍ, pero es muy negativo para la sociedad en su conjunto pues nos deja, por un lado, con la costumbre de “tomar lados” y justificar todo lo que se haga en nombre de un ideal (la “revolución” por ejemplo), y por otro con la imposibilidad de establecer diálogos entre orillas distintas de la ideología.


Rafael Correa ha dicho que la “partidocracia” tiene miedo a las elecciones. Pero no es muy claro a qué se refiere con esto. Cuando su ministro Fernando Bustamante dijo que la única condición que tienen otros partidos para ser incluidos es ganar elecciones, suena muy lógico. Sin embargo, esto deja de lado que, aunque nos pese, muchos de los representantes de estos partidos ya habían ganado elecciones al mismo tiempo que el actual y futuro Presidente. Sólo que en su momento se los suspendió sin importar el detalle de haberlas ganado. Por otro lado, cuando se trata de defender a otros gobernantes con quienes al parecer comparte ideología, Rafael Correa no tiene ningún empacho en decir que en democracia no es necesario tener elecciones cada cuatro años. Extraño viniendo de alguien que busca legitimizar su poder llevándolas a cabo cada dos.

Y en lo más inmediato, es su partido el que nunca se ha arriesgado a presentar candidatos a diputados: primero sus asambleístas asumieron esta función sin ningún derecho (y, voy a insistir en esto: dejando de lado su responsabilidad principal que era la redacción de la nueva constitución; de la cual se aprobó aproximadamente el 50% en dos semanas y cerca de 100 artículos en un día). Y luego no fueron capaces de entregarnos la nueva constitución, que habían elaborado pensando en el bien común, solamente con la satisfacción del deber cumplido y cobrado: pusieron como condición que, de ser ésta aprobada, se conformaría un congreso temporal con los asambleístas, en donde el Gobierno tiene mayoría. Así se ha dado el “milagro” de que un Presidente tenga mayoría en el Congreso por un considerable período de tiempo sin tener que pasar por el engorroso trámite de presentar candidatos. ¿Quién tiene miedo a las elecciones?

Lo que preocupa es que estos actos (que no son exclusivos de este Gobierno) causan que más y más gente esté dispuesta a aceptar que cualquier maña es válida en la lucha de sus candidatos por el poder. Así que es muy posible que el siguiente gobernante utilice excusas similares para acaparar poder por encima de lo que se le ponga al frente. Veremos qué dicen entonces quienes hoy justifican estas mañas.

Pero para eso habrá que esperar entre cuatro y ocho años, así que quizá ya lo hayamos olvidado.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

No sólo la Iglesia miente

En estas semanas se ha transmitido insistentemente una serie de comerciales que desmienten algunas afirmaciones hechas por representantes de la Iglesia católica sobre la constitución elaborada (¿ironía, ironía?) en Montecristi. Y sí, luego de ver la publicidad oficial uno se pregunta dónde queda “abierta la posibilidad” del aborto o el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Los comerciales terminan con un “¿Por qué nos mienten? ¿Por qué juegan con nuestros valores religiosos?” Y si bien no creo que haya habido una respuesta directa a la inquietud, sí han surgido voces tachándola de “Iglesia pelucona” y grafiteros en la misma línea. Consecuencias de levantar falso testimonio contra su prójimo, según parece.

También escuché a Fernando Cordero mencionar en su discurso de cierre como una de las ventajas de la posible nueva constitución el que nunca más se permitirá la pena de muerte. Esto suena muy bonito y es un alivio saber que ya no tendremos ese castigo previsto en la legislación correspondiente. Es una buena razón para votar SÍ, excepto que.

Excepto que en la constitución (a veces) vigente, la del 98, la pena de muerte está expresamente prohibida. Entonces uno se pregunta si el ilustre asambleísta no se había dado el trabajo de leer lo que era tan urgente cambiar (gravísimo tratándose de alguien que fue presidente de la Asamblea) o si, de plano y descaradamente, miente. ¿Qué sería peor? Y no he visto voces indignadas reclamando “¿Por qué nos mienten? ¿Por qué juegan con nuestros valores humanitarios?”

El sábado 23 de Agosto se llevó a cabo una gran concentración en la Avenida de los Shyris, en Quito, para promover el voto por el SÍ a la nueva constitución, y de paso, al “régimen de transición” que otorgará un par de meses más con sueldos altivos y soberanos a los ex-asambleístas. Se presentaron bandas de rock, de hip-hop, de salsa, aunque faltaron los Iracundos de Bucaram o las tecnocumbieras de Gutiérrez. Acudieron, eso sí, algunos destacados funcionarios públicos, así que leer en la página web de la Presidencia que los funcionarios públicos “están prohibidos de participar en campaña electoral para el referendum” lo deja a uno confundido. ¿Pueden o no los funcionarios públicos hacer campaña? ¿O eso depende de hacia qué opción orienten esta campaña?

Antes de su llegada se transmitió la cadena del Presidente de la República, esta vez desde Lumbisí. El Presidente criticó duramente a los estudiantes que, durante su intervención de la semana anterior, habían causado desmanes en la Universidad de Guayaquil. Habló contra los “hijitos de papá”, contra quienes tiran “piedras, palos, sillas, botellas”, y pidiendo “dejémosle la amargura, la violencia, el odio a los derrotados”. Cuestionó la utilización de la violencia y dijo que eso hace la oligarquía porque “no puede discutir con ideas”. Me pareció muy bien.

Un poco más adelante se encontraba un numeroso grupo de militantes del MPD. Pensé que estaban ahí para criticar el mensaje del Presidente, para defender su derecho a utilizar la violencia como medio de defensa de sus nobles ideales, y para decirle que no es que no puedan discutir con ideas: es que un verdadero revolucionario las expresa a través de su fusil. ¡Pero no! Se encontraban haciendo campaña por el SÍ, por la patria nueva, y claro, por el socialismo. Y aquí hay otra incoherencia. ¿No es el MPD un grupo que se ha caracterizado, y no desde anteayer, por utilizar la violencia en sus manifestaciones? ¿Por qué ahora se los acepta como aliados y no se critica su conocida trayectoria? A menos que, y esto sería muy grave, se considere que la violencia es válida para defender los ideales de la revolución ciudadana pero no los de la oligarquía, los de la “izquierda” pero no los de la “derecha”. Sería como considerar, voy a decir cualquier cosa, que a veces la violencia podrá no ser legal... pero es legítima. De hecho consideré preguntarles a algunos de los personajes sobre la tarima de esta organización si se habían dado cuenta de que el Presidente los estaba criticando duramente, pero había de por medio una clásica fogata de huelga, la superioridad numérica, y preferí pasar de largo. El semáforo, arriba, parecía enviar algún mensaje:

O tal vez eso haya sido un mensaje subliminal del autor de este blag. O tal vez, simplemente, no había que tomárselo tan en serio. En todo caso, hasta aquí podría argumentarse que se trata de manipulaciones, doble moral, incoherencias, confundir la cola del gato con otra pata o alguna otra jugarreta tristemente común entre nuestros políticos de siempre. Pero en un volante repartido en la concentración encontré varias afirmaciones que faltan descaradamente a la verdad. Es más chocante que lo primero que se lee sea “los ciudadanos honestos por fin llegamos al poder” (se olvidaron de las ciudadanas) y que luego haya toda esta lista de mentiras.

Aquí una foto del volante en cuestión. Como elemento lúdico del blag, cuente 5 puntos por cada mentira encontrada y 10 por cada falta de ortografía, puntuación o gramática, saque el total y quien consiga más puntos será el ganador.



























Mientras tanto, seguimos perdiendo todos con este tipo de campañas.

Nota: Es posible, bajo cierto punto de vista, considerar que no son mentiras, si es que el Gobierno ha decidido que en caso de ganar el NO retirará los subsidios y eliminará el bono de desarrollo. Pero en tal caso estamos frente a algo peor: el chantaje, la compra de votos al mejor estilo de Alvaro Noboa. Nada de esto es propio de los ciudadanos honestos mencionados en el volante.